Diario de laboratorio

Un suicida escrupuloso

Abril 28, 2008 · Dejar un comentario

Rousseau tenía un temperamento delicado. Neurótico, narcisista, hipocondríaco, masoquista, padecía además intensos ataques de manía persecutoria. Autor de una de las obras más ambiciosas sobre la educación de los niños (su ya citado Emilio), se sintió sin embargo incapaz de ocuparse de la educación de sus propios hijos, entregando los cinco que nacieron de su relación con Thérèse Lavasseur a los orfanatos públicos.

Por si fuera poco, sufría depresiones que lo llevaban a pensar a menudo en el suicidio. A este respecto, cuenta Diderot que un día fue a visitarlo a su casa de Montmorency y Rousseau le confesó, frente al estanque, que había estado tentado a arrojarse a él para acabar con su vida.

- ¿Y por qué no lo hiciste? – le preguntó Diderot a bocajarro.

Rousseau, sorprendido por la falta de tacto de su amigo, le respondió:

- Porque metí la mano en el agua y me pareció demasiado fría.

Filosofía para bufones. Pedro González Calero

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